Conferencia del Doctor Hernán Cerna en Aspika

Hola, soy el doctor Hernán Cerna y quiero contarles un poco de mi historia. Creo que es difícil resumir tantos años y experiencias, pero lo primero que debo decir es que aprendí a leer de forma espontánea cuando era pequeño. Según la gente, con dos años y medio, ya había comenzado a leer. Las amigas de mi abuela estaban en casa y querían leer el periódico, y yo simplemente tomé el periódico y comencé a leer. Así ha sido mi vida, una serie de descubrimientos a lo largo de lo que he vivido hasta ahora.

Los años no han sido fáciles. Al principio, aprender a leer me hizo sentir diferente a los demás, y las preguntas que yo me hacía no se las hacía a los niños que estaban a mi alrededor. Quería aprender más, y esa fue una de mis grandes premisas: siempre quiero saber más. Si alguien lo hace, yo también quiero hacerlo y aprender cómo lo hace, de qué forma piensa y cómo está organizada su mente.

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Cuando era pequeño, me leían un cuento que me hacía mucha gracia: el de Ricitos de Oro. Años después, pude descubrir que a través de la hipogenética y a través del nervio vago, podíamos hacer un símil con Ricitos de Oro, cómo se conectaba y cómo podíamos sentir la acción de eso. He estudiado medicina, medicina alternativa y hipnosis, y he hecho muchas cosas a lo largo de mi vida.

Lo que quiero contarles es que lo que he conocido a través de estos años son los superhéroes, como yo suelo llamarlos, son héroes silenciosos. Son muchas personas que no se han quedado con una primera respuesta, como un no como respuesta. La superheroína de mi historia era mi abuela. Mi abuela fue la primera superhéroe que yo creo que estuvo ahí presente.

Cuando yo tenía 12 años, tuve un infarto agudo del miocardio, algo difícil de entender para esa edad. El médico me dijo que ya no había opciones, que después del segundo infarto, de meses en coma, estaba sufriendo mucho y a los pies de mi cama, le dijo a mi abuela y a mi madre que me dejara morir en paz. En ese momento, mi abuela tomó una decisión y se puso frente a mí. Tomó mi credencial de DNI o de la identificación y me dijo que ahí estaba la fecha caducidal del documento pero no la mía. Y que tenía que hacerle caso a mi abuela porque el médico se equivocaba y que Dios como se llama no había puesto ese día mi fecha de caducidad. Eso fue lo que me motivó a estudiar medicina, a darme cuenta de que la ciencia tiene respuestas hasta el día de hoy, que sabemos que hoy es imposible que algo no se puede hacer, pero que mañana podemos encontrar alguna solución. Tal vez yo no sea el que la tenga, pero tal vez algún científico o alguien alrededor del mundo lo tiene.

Durante estos años, mi misión ha sido conectar con personas que buscan soluciones creativas para hacer de este mundo un lugar mejor, donde podamos confiar los unos en los otros. En mi búsqueda, he conocido a muchos superhéroes: personas que han enfrentado la adversidad y no se rinden ante el primer obstáculo. Son aquellos que, cuando les dijeron que un barco de miles de toneladas de hierro flotaría, no se rindieron ante la incredulidad.

Pero a veces, nosotros mismos sentimos que llevamos miles de toneladas de hierro sobre nuestros hombros. Cuando recibimos un diagnóstico difícil o imposible de tratar, nos sentimos abrumados. Yo he tenido la suerte de presenciar muchos casos así en mi experiencia. Antes creíamos que el cerebro era como una cosa cuadriculada que solo podía manejar cierto tipo de hardware y software, pero hoy sabemos que existe algo llamado neuroplasticidad cerebral. Esta neuroplasticidad nos permite crear nuevas rutas neuronales y tener nuevas experiencias. Nos permite superar lo que antes creíamos imposible, como incluso mi propia enfermedad.

A pesar de que tengo un marcapasos que me acompaña las 24 horas del día, no me siento solo. Es como tener un amigo incondicional que siempre está ahí para apoyarme. Algunos pueden tener su propio marcapasos, mientras que otros tienen el apoyo de personas especiales que se convierten en su marcapasos. Esas personas son nuestros héroes: aquellos que levantan nuestras manos cuando nos sentimos cansados y sin fuerzas, que nos ayudan a seguir avanzando y a no tirar la toalla. Son aquellos que nos acompañan día a día para convertirnos en las personas que queremos ser.

Tengo muchos héroes en mi vida, pero uno de ellos es mi buen amigo Álvaro. Él estuvo ahí para mí cuando tuve un ictus y mi cerebro decidió eliminar toda la información que tenía en mi cabeza. Empecé de cero, pero él estuvo a mi lado dándome fuerzas cuando más lo necesitaba. Como él, existen muchas otras personas que me han acompañado en mi camino y que, tal vez, no veo como héroes. Pero sin su ayuda, tal vez no habría llegado hasta donde estoy ahora.

Así que, si tú también te sientes abrumado por la adversidad, recuerda que siempre hay alguien ahí para apoyarte. No tengas miedo de buscar ayuda y de confiar en aquellos que te rodean. Ellos pueden ser tus héroes, aquellos que te ayuden a superar cualquier obstáculo que se te presente en el camino.

Si no fuera por su ayuda, tal vez no habríamos llegado hasta donde estamos hoy. Son héroes y heroínas quienes nos acompañan día tras día para convertirnos en la persona que queremos ser. Muchas veces pensamos que tenemos que hacer grandes cosas para mejorar nuestras vidas, pero simplemente el hecho de poder hablar, comunicarnos, sonreír, tocar a alguien o acercarnos a una persona ya es un gran avance.

Aprender a caminar fue una de las cosas que más me costó, y volver a hablar, recuperar los idiomas que hablaba y algunos que todavía no he recuperado después del ictus, fue un gran desafío. Pero lo más importante que cambió mi vida fue decidir ser parte de la solución y no del problema. Decidí que tenía que encontrar soluciones para aquellos que se sentían perdidos en días oscuros y noches oscuras del alma, donde la esperanza parece haberse esfumado. Quería encontrar la luz y convertirme en una pequeña linterna, no necesariamente la respuesta a todo, pero sí la linterna que alumbre el camino, que impulse a los demás a hacer cosas diferentes. De esa idea nació Isora, nuestra empresa, cuyo nombre es un juego de palabras en español que significa «es hora». Es tu hora, es la hora de cada persona para encontrar su respuesta, su solución.

Estamos aquí para demostrar que se puede superar cualquier diagnóstico difícil, que simplemente es una etiqueta circunstancial que no define nuestra vida. Somos más que eso, tenemos particularidades y distinciones que nos hacen únicos, como el color de nuestros ojos o cabello. La enfermedad, el dolor o el sufrimiento no definen nuestra vida, simplemente son datos que debemos tener presentes e incorporar.

Me encanta la historia y me encanta Tarragona, una ciudad en España con murallas del antiguo Imperio Romano que aún se conservan. Cuando sentimos que hemos caído y parte de nuestra vida se destruye, es como utilizar esas murallas que son parte de nuestra historia para cultivar nuestra nueva historia, para crear una historia diferente que nos permita sentirnos libres y cultivar lo que hagamos día tras día.

Si a veces nos sentimos abatidos o cansados, es parte natural de nuestro propio crecimiento. Queremos que las cosas sucedan rápidamente, pero el tiempo a veces nos muestra un camino diferente. Parte de mi lucha ha sido aprender a pensar y crear programas para ayudar a personas que tienen dificultades para hablar, como los niños con autismo o situaciones similares. Pero ellos ya hablan, ya tienen un sistema de comunicación, y nos entregan una nueva forma de comunicación basada en el amor.

Cuando esos niños pronuncian su primera palabra, ¡qué gran alivio y qué gran halago para sus familias! Pero hay mucho más detrás de esto, mucho esfuerzo, dedicación, horas sin dormir, consultas con terapeutas, visitas a muchos lugares. Es como escalar una montaña, a veces muy difícil, pero estoy aquí para dar apoyo, para convertir los sueños en realidad y para que la ciencia esté al servicio de las personas.

No pienses que la ciencia nos cierra las puertas, al contrario, la ciencia nos acerca a los demás. Durante la pandemia, todos nos sentimos lejos o aislados, pero muchos pudimos conectar con personas lejanas. Yo encontré amigos e investigadores que querían hacer más y empecé a conectar con ellos como si fuera una gran red neuronal. Una red que está abriendo nuevos caminos para encontrar soluciones.

Tú también puedes encontrar respuestas. No soy excepcional, simplemente lucho un poquito más cada día, me pongo de pie cuando las situaciones son difíciles. Tú tienes héroes y heroínas a tu lado. La vida no debe estar libre de conflictos, pero debes ser el protagonista de tu vida. Tienes todo lo necesario para construir ese imperio, ese lugar, ese espacio para apoyar a los demás.

Ayudar a los demás no es suficiente, todos somos un apoyo, como un bastón temporalmente necesario, para luego poder salir corriendo y encontrar el futuro que construyes hoy. Gracias a Spica y gracias a la vida que me ha dado tanto, como decía Violeta Parra. Tengo la suerte de haber nacido en este lugar que sigue adelante a pesar de los terremotos y conflictos.

Así que, no te rindas, sigue luchando por tus sueños y por los demás. Conviértete en un apoyo para aquellos que lo necesitan y abre nuevos caminos. La vida es tuya, constrúyela como desees. ¡Gracias!

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